El héroe
Hace algunos milenios, el filósofo chino Sun Tsu, escribió su obra máxima el Arte de la Guerra, en donde se imprimía toda la filosofía del tao aplicada a la guerra, establecía los principios de esta actividad, de modo que tuviera un sentido “estético” en donde el honor iría por encima de todas las cosas. En esta ocasión el “Arte de la guerra” es representado visualmente por Zhang Yimou, en un arrollador film lanzado en 2002.
Esta película desde un inicio marca un tono épico, salen los planos holandeses en donde se ve el paso de los caballeros y sus banderas. La muchedumbre es hecha con ayuda de las capas, pues a Prevalecen los indicadores de estilo como las espadas, patadas, los caballos, carruajes, cascos. Al principio los colores se ven con una luminosidad máxima, a diferencia de la otra batalla ocurrida a la mitad de la película, donde a la escena se le aplica un filtro de color azul.
En las peleas, es interesante el movimiento que hacen los personajes. Los saltos que dan son hechos en una especie de bullet time, las cámaras siguen cada movimiento. Cuando los dos guerreros se quedan suspendidos en el aire, da la impresión de que se están manejando capas. En este sentido, la música de fondo es sumamente tensa, uno como espectador se mantiene al filo de la butaca en espera de quién será el vencedor y el vencido. Es evidente el manejo de capas en la escena donde uno de los guerreros corre a través de la lluvia, como si atravesara un muro de agua, finalmente derriba a su adversario en un efecto de bullet time.
Cuando llega el hombre viejo y uno de los combatientes comienza a recordar la riña, se ve en blanco y negro. Con un indicador de estilo que remite al sonido del Sanxian (instrumento cordófono chino), típico de las culturas del Lejano Oriente.
Una de las escenas bien logradas es la de la trayectoria de la flecha, un viaje en cámara subjetiva, en donde al final se ven los caídos por esa ráfaga de flechas. Al salir uno de los gurús de la casa sucumbida, su expresión de tristeza se imprime en el rostro, cuando se sienta en la silla y está rodeado de flechas, hay una gran nostalgia, gracias al tono de la música. Afuera del lugar, las acciones de defensa son impresionantes, casi todas ellas recurren al bullet time, aunque la música mantiene esa nostalgia, la energía y el tono de la acción es lo que hace que esta escena sea épica y honorable. En este bloque prevalecen los tonos rojos con una saturación máxima, el brillo resalta esta idea de ser guerrero, héroe y persona de honor.
En la batalla de las mujeres es notable el uso de capas en los saltos, en algunas ocasiones donde se recurre al bullet time, de ahí en fuera hay un dinamismo gracias a los movimientos de las féminas. Es muy buen recurso el movimiento de las hojas secas, de hecho, se complementa la actividad. Cuando finalmente muere una de las combatientes, todo el paisaje se torna rojo, minutos antes prevalecía el amarillo y el naranja, los fondos de los árboles son diseñados a computadora, otra vez por medio de capas.
La escena de la batalla en honor a “Nieve Voladora” es increíble, en un principio se oyen pájaros, la voz en off que explica que es una batalla por la mente. Se recurre a las capas cuando los combatientes caminan sobre la superficie del agua sin hundirse, primero enfocado en ángulo en contra picada y después desde el fondo del lago. Al final la lágrima que cae en el rostro de la difunta, hace que uno de los milicianos se aleje volando. Del mismo modo, se utiliza un filtro azul, la música de fondo remite a la tristeza del adiós.
Los escenarios de este film están diseñados para vivir las batallas y la filosofía china en cuanto a la guerra. Hay demasiados paisajes montañosos, praderas, lagos (se parece a una locación de Karate Kid 3 donde el señor Han lleva a su pupilo a entrenar y meditar). Las fachadas con su tejado curvo, pilares ornamentados con dragones y otros iconos. Adentro, las cortinas semi traslucidas, los tapetes de madera plegables, los biombos de bambú.
El final de la película es arrollador, el amor de dos seres, sucumbe frente a la adversidad, y a veces es sacrificio de una vida por otra. Son dos escenas que se contraponen no solo en su contenido, sino en la forma. Los amantes están en un peñasco naranja, con amplios espacios a cielo abierto, mientras que en el palacio, las tomas son sumamente cerradas y tensas. Y la música debiera de serlo así, pero tiene un tono sumamente fúnebre donde la épica se transforma en drama.
El epígrafe del film es una síntesis perfecta de esta película: un long shot a la muralla china, una obra que debe de ser guardada para la posteridad.
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